#UnaLucrecia se muda!

A quienes se pasen por acá en búsqueda de #UnaLucrecia, podrán encontrarla en http://www.unalucrecia.blogspot.com.ar

¡Los esperamos!!

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#UnaLucrecia

Después de mucho tiempo, regreso con un propósito… Contribuir con un mensaje.

Este 2017 me propongo contribuir, hacer algo, usar mi idioma personal para decir. Y mi idioma personal es la escritura.

Muchas veces me descubro molesta por situaciones que me indignan y que me hacen sentir impotencia, que me lastiman y me enojan. Esta mañana, me pregunté: ¿Qué puedo hacer? ¿Cómo puedo contribuir? La respuesta me llegó en la forma de un cursor titilante sobre una página en blanco, un espacio fecundo para que plasme allí mi contribución.

¡Sí! Puedo hacer algo. Puedo decir. Puedo escribir. Puedo regalar un mensaje en forma de novela. Puedo compartir con quien quiera leer, una historia en la que llevo trabajando hace tiempo y cuyo propósito es, precisamente, contribuir.

No me quejo más. No me enojo más. Elijo decir como sé: escribiendo. A quienes quieran acompañarme, aquí los espero.

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¡Los esperamos!! Ahí todos los capítulos.

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De una Lectora sobre “Azabache, el Color de la Pasión”

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Esta historia me sorprende cada día más. Me emociona descubrir que con palabras, se pueden tocar corazones. Comparto con ustedes la opinión de una lectora… Gracias!!!!

 

Azabache – Mariela Giménez
En el Encuentro de Almas Lectoras de diciembre de 2013 tuve la suerte de ganar, en el sorteo que se realizó, esta trilogía de la autora Mariela Giménez compuesta por los libros Azabache, Esmeralda y Ámbar.
Cuando comencé a leer Azabache quedé atrapada desde el inicio.
Ya desde la primera página la autora pone primera, arranca y acelera de cero a cien en cinco renglones. La velocidad que toman los hechos me sorprendió gratamente. La trama casi no da respiro y es prácticamente imposible soltar el libro. Se siente una imperiosa necesidad de terminarlo para saber qué va a pasar.
Es un libro altamente “devorable” y que no da tregua. Lo recomiendo fervientemente porque sé que no va a defraudar.
La historia es de amor. Hasta ahí todo bien. Pero no es la típica historia de amor. Los protagonistas de este romance son totalmente distintos a todo lo conocido dentro del género.
Samantha Shaw, mujer de pasado difícil, es una escritora que llega hasta una pequeña aldea, interesada en las costumbres del lugar para escribir un libro.
En este lugar conoce a Nate, un bombonazo de ojos azabache que va a cambiar todo lo que ella creía del amor hasta ese momento.
La aldea en la que vive Nate tiene algunas costumbres un tanto conservadoras por las que el amor que se tienen los protagonistas no será fácil de concretar y los llevará a tomar decisiones difíciles que cambiarán sus destinos.
Aunque Nate se enamora de Sam, su comunidad tiene otros planes para él. Uno de los líderes de esa comunidad es su padre Mike, quién será de gran importancia para la vida de ambos a lo largo del libro.
En la aldea también vive Bobby quien, además de ser el “tercero en discordia”, será un gran amigo, apoyo y algunas cosas más de nuestra querida Sam. Bobby es un muy lindo personaje. Muy querible y tierno. Está perdidamente enamorado de Sam. Demasiado perdido…
Hay otros personajes muy chiquitos que aportan el toque justo a cada situación pero que no necesitan más protagonismo ya que con la historia principal tenemos más que suficiente.
En la historia se van dando situaciones complicadas para los protagonistas que los obligan a mantener secretos a través de los años.
Pero un día esos secretos salen a la luz y nos encontramos con un final de este primer libro que nos mantiene en vilo.
Las últimas páginas me emocionaron mucho. El discurso sobre su propia vida que hace la protagonista en un momento de decisiones para la aldea realmente estremece y humedece los ojos. ¡Brillante por parte de la autora!
No quiero dejar de mencionar a los títulos de cada capítulo que son muy buenos, una invitación a descubrir cada uno de ellos. ¡Me encantaron!
Y, por supuesto les aconsejo tener a mano el segundo libro de esta trilogía porque al terminar Azabache, van a salir corriendo a buscar Esmeralda porque es imposible soportar un solo segundo sin saber que va a pasar, cómo van a reaccionar y qué van a decir los protagonistas luego de ese sorprendente final.
Me encantó este libro, lo leí rapidísimo por lo que dije anteriormente: imposible soltarlo. Me atrapó desde el principio y me permitió conocer a una gran autora que promete y a la cual seguiré leyendo.
Por todo lo dicho, Azabache se gana diez florcitas!!!

 

El Intruso…

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Los días transcurren, uno tras otro, teñidos de su apacible rutina. La ducha matutina, algunos mates apresurados antes de ir al trabajo, charlas de pasillo en los minutos libres, el regreso a casa, alguna película antes de ir a dormir… y todo comienza otra vez al día siguiente. Los días transcurren, uno tras otro, teñidos de su apacible rutina. Pero un día cualquiera, el “intruso” hace su aparición, y la rutina ya no es tal.

El “intruso” entra en mi consciencia sin permiso, sin miramientos de ningún tipo, sin importarle perturbar mi calma. Los sueños son su terreno favorito, donde pisa firme para dejar sus primeras huellas. Su aparición, al principio, es apenas una sensación de inquietud, una especie de curiosidad ante lo extraño, el germen de un “intruso” que quiere ser reconocido. Despierto sabiendo que se dio un paseo por mis sueños, pero todavía no tiene rostro, ni cuerpo, ni voz, es solamente una idea que persiste.

Después de la ducha matutina, mi mirada se encuentra con mi reflejo en el espejo, y aquella idea onírica que persistía intangible, ahora insiste. Quiere “ser”. El “intruso” quiere un rostro para expresar, un cuerpo para sentir y una voz para ser escuchada. Aquel momento que era solo mío, es invadido por su aplastante presencia, y aunque recelosa ante tan impetuosa irrupción, no voy a ignorarlo. Ahora que puede mirarme desde lo más recóndito de mi cabeza con esos ojos que hablan, ahora que puedo imaginar su forma de caminar, de moverse, de abrazar… El “intruso” es real. Tiene voz.

Para cuando los mates están listos, el “intruso” susurra en mi oído. Me fascina. Me seduce. Me cuenta sus anhelos, sus deseos, sus frustraciones. Su voz puede ser cálida o fría, firme o a veces insegura… Con cada palabra que murmura, el “intruso” crece, adquiere personalidad, teje su propia historia. Me dice su nombre… Nathan, Bobby, Zelig, Akram… No importa. Lo que importa es que para cuando emprendo el camino al trabajo, el “intruso” ya forma parte de mi vida.

En los minutos libres y las charlas de pasillo, tengo problemas para concentrarme. Mi mente está lejos. Está con el “intruso”, porque cuando ya promedia el día, descubro que lo amo, o lo odio, o lo entiendo, o lo perdono, lo sigo hacia donde me lleve.

Llego a casa presurosa, enciendo mi computadora en tiempo record, ansiosa por contar su historia. El “intruso” no tiene paciencia, me convierto en su instrumento para “ser”, me pongo al servicio de sus caprichos. El momento de la película antes de ir a dormir ya llegó hace horas, pero no puedo dejarlo, no ahora, no cuando estoy descubriendo sus secretos.

Las primeras luces de la mañana me sorprenden mal dormida pero con una sonrisa. Los días transcurren, uno tras otro, teñidos por la presencia del “intruso”. En la ducha matutina, Nathan me lava el cabello. Cuando llega la hora de los mates, Bobby aligera la mañana con alguna broma. De regreso a casa, Zelig camina a mi lado sin decir una palabra, pero diciendo mucho. Y cuando al fin cruzo la puerta, Akram me recibe leyéndome un pasaje del Corán. Los días transcurren, uno tras otro, teñidos por la presencia del “intruso”, y la rutina ya no es tal…